Cuando escribo artículos sobre lactancia materna recibo testimonios de madres que comentan que han recibido presiones del personal sanitario y de su entorno para seguir amamantando a pesar del dolor y otras dificultades asociadas, muy frecuentes en nuestra sociedad. Lamentan que se les hayan negado “biberones de ayuda” y explican el viacrucis que supuso para ellas instaurar la lactancia o mantenerla. Las madres que no pudieron soportar el dolor se sienten con frecuencia culpables y manifiestan haber recibido juicios y críticas que les impidieron disfrutar de la maternidad, llegando algunas incluso a vivir este problema como el detonante de una depresión postparto. Otras madres, convencidas de preferir alimentar a sus bebés de manera artificial, han tenido que vivir la insistencia de las y los sanitarios.

¿Has sufrido presión para darle de mamar a tu hijo?

Muchas madres han sufrido los juicios de una sociedad que no respeta las decisiones legítimas de las mujeres, quieran dar el pecho o no. Creo que es crucial comunicar y difundir la diversidad de experiencias de las madres con sus lactancias y resaltar la dificultad que supone amamantar en una sociedad que ha perdido la cultura de la lactancia y la crianza natural. Como se puede leer en el artículo “Mamá, tu leche es buena. Verdades y mentiras sobre la lactancia”, el personal sanitario mantiene la propagación de falsos mitos. Sin la formación adecuada, se ignoran los problemas reales, se abandona a las madres a su suerte y no se les brinda la ayuda que necesitan para tener una experiencia con la lactancia más satisfactoria. La falta de referentes en el entorno cercano de las madres complica aún más el problema. Y hay una industria de la lactancia artificial con ingresos multimillonarios con el poder suficiente para influir negativamente en el mantenimiento de estas dificultades. Como resultado, muchas madres se ven en la disyuntiva de tener que pasar por un calvario de dolor o sentirse un completo fracaso si deciden dar una lactancia mixta o se pasan la lactancia artificial.  

No me gustan los discursos que no escuchan las experiencias diversas de las madres, ni se enfocan a apoyar e informar sin juicios ni presiones. Cada madre hace lo que puede. Y los esfuerzos de las instituciones deberían ir tan enfocados a ensalzar las virtudes de la lactancia materna como a informar de las dificultades y brindar apoyo.

Tampoco me gustan los discursos paternalistas que victimizan a las mujeres y nos infantilizan, eximiéndonos de toda responsabilidad o agencia en los asuntos que nos conciernen. Cuando abrí La canica de Sally y Anne, gente cercana me advirtió,  con toda su buena intención, de que podría vender menos si hablaba tanto de lactancia materna porque muchas madres se iban a sentir culpables. No hice caso. Y comprendí que en buena medida el marketing dirigido a las madres puérperas hace precisamente esto, se dirige a librarles de la culpa con la finalidad de seguir amasando fortunas. Este marketing agresivo ha permitido que calara muy hondo un mensaje peligroso que muy a menudo el propio personal sanitario se encarga de propagar. En vez de relatar la lactancia materna como un desafío que las madres con información y ayuda son capaces de lograr  (Dar el pecho no duele, el dolor se puede evitar), se les anima a rendirse para dejar se sentirse mal.

A nivel individual, la mayoría de nosotras (ojo, también los hombres) hemos sido educadas en la culpa y la invalidación de nuestra intuición y necesidades. Nuestras carencias emocionales insatisfechas en la infancia nos han hecho dependientes y vulnerables al marketing de las grandes multinacionales. Somos consumidores voraces y obedientes seguidores de un capitalismo rapaz que se sustenta sobre las negación de las necesidades emocionales.

Dar la teta con amor y contacto piel con piel produce, si se dan las condiciones adecuadas, un intenso placer y conexión entre la madre y el bebé. Pero es gratis, así que ha tenido que demonizarse.

Madres y padres pretendemos que las niñas y los niños se ajusten a  expectativas adultas pero no queremos hacernos cargo desde una responsabilidad madura del daño que les podemos hacer. Si nos desbordamos por la culpa o, para no sentirla, negamos las necesidades de los bebés y nuestra implicación en su desarrollo, ¿vamos a poder ajustarnos de una manera más sana a sus necesidades y a poner soluciones a los problemas, dentro de nuestras posibilidades reales? El manido debate sobre las malas y las buenas madres ha sido un golazo que nos han metido de nuevo las industrias que más beneficios obtienen de la desnaturalización de la maternidad y la crianza del desapego, con el doloroso apoyo de los políticos y de una corriente del feminismo que no comparto.

Los métodos educativos tradicionales son intolerantes con el error en el amplio sentido del término, como aquello que intentamos y no hacemos bien. Y nos han vuelto adictos a las recompensas (aprobación y reconocimiento) y al castigo (crítica, sanción social). Pero desde el momento que somos madres y padres adquirimos una responsabilidad ineludible. Nos guste o no, la manera en que atendemos las necesidades de las niñas y de los niños tiene consecuencias que nos competen como responsables de su desarrollo. Y hoy en día, las mujeres (y hombres) tenemos a nuestro alcance una información con evidencia científica que nuestras madres y padres, abuelas y abuelos, no tenían. Si ejercemos nuestra  responsabilidad como madres y padres con una sana autocrítica, una visión sensata de nuestras posibilidades y límites, y una actitud compasiva con nuestras dificultades, podremos reparar los daños que se puedan derivar de nuestras prácticas menos óptimas. 

¿Leche materna o leche artificial?

Este debate es maniqueo y absurdo. Las madres necesitan dar la teta a sus bebés y los bebés necesitan ser amamantados por su madres. La lactancia materna es la forma normal de alimentar a los y las bebés. Por eso amamantar es lo más sano y respetuoso con el cuerpo y la mente de las puérperas y, entre otros beneficios, previene la ansiedad y la depresión postparto. Además, la leche materna es indiscutiblemente mejor que la leche artificial para el bebé. Y no sólo por sus beneficios inmunológicos y alimenticios. Dar la teta atiende mejor sus necesidades emocionales y facilita el vínculo temprano, precursor del apego seguro y base de la salud emocional.

Pero ya hemos hablado de las dificultades de dar en pecho en esta sociedad y de la diversidad de la experiencia materna. Si hemos preferido dar el biberón o no hemos podido dar de mamar al bebé, podemos compensar esta falta imitando las conductas típicas de las madres que dan el pecho a demanda: dando el biberón siempre en brazos, cargando de contacto, conexión y afectividad el momento y primando que sea la madre, siempre que sea posible, quien se encargue de dar el biberón.  RE-CONOCER LAS NECESIDADES DE LOS Y LAS BEBÉS ES NUESTRA ASIGNATURA PENDIENTE COMO SOCIEDAD. 

Como experta en desarrollo de la personalidad infantil y responsable de una tienda de ropa y juguetes ecológicos para bebés diferente, con un público muy exigente, quiero animar a todas las madres que nos leen a informarse sobre crianza respetuosa, disciplina positiva y los conocimientos que hoy nos ofrece la neurociencia sobre sus embarazos, partos y postpartos, así como las necesidades de los y las bebés. ¿Conoces nuestros grupos de Facebook maternaLISTAS y Disciplina + Amor