La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y su mantenimiento acompañada de alimentación complementaria hasta los dos años o más, en función de las preferencias de la madre y el/la bebé. Además, amamantar es ecológico y gratuito. El impacto que genera la industria de la lactancia artificial tiene un tremendo coste medioambiental.

En España un 90% de las madres desea dar el pecho a sus bebés. Sin embargo, en el año 2012, a los 6 meses el porcentaje de lactancia materna exclusiva se situaba en torno al 28,5%, y estos años no parece haber sufrido grandes variaciones. (ver noticia en El País: Lactancia materna: la asignatura pendiente de los profesionales sanitarios)

Más allá de recomendaciones de los organismos internacionales y de las probadas bondades de la lactancia materna a nivel de salud y coste medioambiental, cada vez más mujeres estamos empezando a poner en valor la experiencia materna y a darnos cuenta de que nuestra cultura se empeña en silenciar las necesidades de las madres y sus hijos e hijas. Amamantar va más de darse, de sentir y de amar que de métodos y de listados de beneficios para la salud. ¿Por qué racionalizamos y sometemos a horarios nuestro amor a los bebés? ¿Y qué impacto tiene esta desvinculación en la lactancia materna?

¿Por qué si la mayoría de las madres desean amamantar no lo logran?

Una de las causas más frecuentes de abandono de la lactancia materna es la percepción generalizada que tienen las madres, su entorno, y con mucha frecuencia el propio personal sanitario, de que la producción de leche es baja o que ésta es de baja calidad.

¿Nos hemos quedado las mujeres españolas sin leche materna? La realidad es que se estima que la hipogalactia o escasez de leche es una enfermedad que tiene una prevalencia del 5% y, cuando el problema es real, muy a menudo puede prevenirse o resolverse. Lo cierto es que la “falta de leche” se debe con frecuencia a prácticas muy extendidas que complican la lactancia: establecer una duración para las tomas, marcar tiempos rígidos entre ellas, o la lactancia mixta.

Las madres escuchan con demasiada frecuencia que “tener leche es cuestión de suerte”, que “este bebé pasa hambre”, que “no te ha bajado la leche”, que “tu leche no alimenta” o que “está aguada”, que “la teta a demanda, pero dejando pasar 3 horas”... Para empeorar las cosas estas opiniones las reciben de personal sanitario sin formación en lactancia materna que comparte los mitos acientíficos que imperan en nuestra sociedad antimaternal acerca de la lactancia, desoyendo las recomendaciones de la OMS.

Cualquier problema que puede surgir se solventa añadiendo suplementación de leche de fórmula, complicando la lactancia materna y provocando abandonos injustificados y precoces.

A partir del siglo XIX y a lo largo del siglo XX, se producen una serie de cambios sociales y económicos en nuestra sociedad que derivan en la pérdida de la cultura del amamantamiento y de la crianza natural, biológica. 

La industrialización propicia la producción a gran escala de leche de fórmula y, con ella, se generan enormes intereses económicos entorno a la industria de la leche maternizada que aún se mantienen a día de hoy. De forma paralela, en nuestra cultura comienza a extenderse la idea de que todo lo artificial es mejor que lo natural. 

Por su parte, la ciencia y la clase médica colaboran en la propagación de estas ideas al instaurar una “maternidad científica, tecnificada”, que niega cualquier capacidad o sabiduría de las mujeres en sus propios partos y en la crianza de sus hijas/os.

Por otro lado, la incorporación de la mujeres al mercado de trabajo convierte la lactancia materna en un problema y el movimiento feminista comienza a dibujar la maternidad como un yugo del que es necesario emanciparnos.

Como consecuencia de todos estos procesos, las madres occidentales se sienten inseguras acerca de su capacidad para amamantar. No sin cierta razón. La lactancia es instintiva para los bebés, pero un proceso biopsicosocial, muy condicionado por la propia historia y cultura, para las madres. Como les pasa a otros primates, a dar de mamar se aprende, pero hemos crecido sin referentes ni modelos. La mayoría de nuestras madres y abuelas no dieron el pecho y nos aportan los consejos erróneos que a ellas les dieron.

Para empeorar aún más las cosas, el personal sanitario carece de formación adecuada en lactancia materna y mantiene la propagación de falsos mitos. La alta intervención del personal sanitario y la medicalización en los partos influye de manera negativa en la fisiología de la lactancia. Y la sociedad capitalista se organiza de un modo adultocentrista y hostil a la maternidad que la imposibilita, a costa de negar, banalizar o demonizar todos los procesos naturales y emocionales vinculados gestar, parir y criar.

¿Cuáles son los comportamientos normales de los bebés en relación a la lactancia?

  • Maman con mucha frecuencia porque la leche materna se digiere muy rápido, y necesitan hacerlo a lo largo de las 24 horas del día. La leche de fórmula se digiere de forma más lenta, por lo que los bebés suelen demandar menos tomas. Las madres y las suegras están acostumbradas a las digestiones de la leche artificial y se preocupan porque atribuyen las diferencias en la demanda a la baja producción de leche o a su mala calidad.

  • Necesitan contacto constante con su madre. Si separan de ella o se despiertan solos, lloran. Aunque tu entorno o hasta el panadero te digan lo contrario, su llanto no se debe necesariamente a se quede con hambre. Mucho menos a un capricho. Tu bebé te necesita porque tu eres su fuente de seguridad.

  • Utilizan el pecho para calmarse y para dormir, además de para alimentarse. La leche materna no es solo su alimento. También le nutres con tu contacto, con tu conexión con sus necesidades y con el sostén que le brinda tu cuerpo.

¿Qué interfiere en la lactancia materna y la complica?

  • Suplementar. Se trata de un círculo vicioso. Cuanto más mama un bebé, más leche produce la madre. Si se suplementa con leche de fórmula, el bebé mama menos y la producción de leche materna baja, de forma que poco a poco se va instaurando la lactancia artificial.

    La suplementación está indicada en muy pocos casos, y cuando se necesita se puede empezar con la propia leche materna, suministrada con un vaso. Consultar con una asesora de lactancia es la mejor manera de estudiar el problema que pudiera haber y de poner soluciones que no acaben con la lactancia materna de manera injustificada. Si ya has empezado a suplementar, con la ayuda de una experta puedes intentar la relactación.

  • Los horarios. Los bebés necesitan mamar a demanda. Los horarios son una de las mejores formas de acabar con tu lactancia. Tu bebé llorará sin parar de hambre física y emocional y antes de que lo imagines tú u otra persona le habréis dado un biberón con leche fórmula porque “tu leche no le alimenta” o “este bebé pasa hambre”.

  • Los chupetes y biberones complican la lactancia materna porque suponen cambios en el modo de succión que confunden al bebé y, a menudo, generan un mal agarre al pecho. Hay que evitarlos, sobretodo hasta que la lactancia materna esté instaurada.

  • Un mal agarre está detrás de las grietas en los pezones, del dolor al lactar y de las temidas mastitis que arruinan muchas de las lactancias. LA LACTANCIA MATERNA NO DUELE. Amamantar no solo va de amor a nuestros bebés y al planeta. Va de PLACER, para la mamá y para el bebé. Si duele, es importante consultar el problema con una asesora de lactancia.

  • Los partos medicalizados:

    Separación temprana madre bebé. La mejor forma de instaurar la lactancia materna es que el bebé busque el pecho y mame en las primeras 48 horas de vida.

    La epidural y otros fármacos afectan a la succión del bebé e interfieren en los procesos fisiológicos de la lactancia.

  • La vuelta al trabajo. Este es otro de los motivos principales de abandono de la lactancia. Las madres que desean amamantar más allá de los 4 meses no lo tienen nada fácil. Las bajas maternales no cubren siquiera el periodo recomendado por la OMS de lactancia materna exclusiva. Y la sociedad y el mercado laboral se organizan alrededor de la negación de las necesidades de los bebés y de las madres. Tal y como sugiere  Ibone Olza, " decir que el bebé necesita a su madre y quiere estar con ella es (...) lo más políticamente incorrecto que se puede decir ahora. Rompedor. Amenazante para este sistema que ha montado tremendo negocio precisamente a precisamente a base de separar a los bebés de sus madres."

¿Cómo podemos prevenir los problemas en la lactancia?

Las mujeres que deseamos dar de mamar tenemos el desafío de reconectarnos con nuestro instinto, aplastado por nuestra educación y nuestra cultura y escuchar las necesidades de nuestros bebés:

  • Pon a tu bebé en tu pecho lo antes posible, piel con piel (sin ropa y sin gorrito), mejor desde el mismo momento de su nacimiento. El sonido de tu corazón, tu olor, tu voz, tu calor, tú eres el estímulo que tu bebé necesita.

  • En condiciones naturales (que no siempre se dan en los partos medicalizados), el bebé nace con un reflejo de succión muy fuerte: busca activamente, encuentra y succiona el pecho. Intenta que sea el/la bebé quien se agarre al pecho.

  • Tú bebé y tú necesitaréis de mucho tiempo, privacidad y contacto. Al contrario de lo que nos dicen, el mejor lugar donde puede estar es en tus brazos, cerca de tu pecho todo el tiempo. El contacto a su vez estimula la producción las hormonas necesarias para la lactancia. Usar un portabebés y dormir con el/la bebé son buenas maneras de mantener esa conexión y contacto que necesitáis, sobretodo si el resto de las condiciones no han podido ser las óptimas.

  • Amamanta a tu bebé lo máximo posible. Cuanto más mame mayor será tu producción. Es recomendable que la lactancia materna sea a demanda. Sin embargo, algunos bebés que no han vivido esas condiciones óptimas necesarias, piden poca teta. En ese caso, es conveniente que le ofrezcas el pecho con frecuencia, hasta instaurar la lactancia materna.

  • Antes del parto, conviene organizar con una asesora de lactancia la posibilidad de consultar con ella en el hospital las dificultades que puedan surgir. Algunas hacen asesorías online.

¿Cómo nos podemos empoderar para cumplir nuestro deseo de amamantar?

1. Informarnos. Leer buenos libros y artículos. Páginas como la de El Parto el Nuestro, El Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal o Maternidad Continuum ofrecen información de calidad sobre el tema.

2. Buscar apoyo en la pareja. Que se informe, que lea. Que participe en grupos de crianza (ver más abajo). El papel del padre como protector de la diada mamá-bebé es indispensable para favorecer la lactancia y el vínculo con el bebé durante los primeros meses.

3. Buscar grupos de apoyo. En muchas ciudades se han ido formando grupos de lactancia. Pertenecer a uno de ellos y reunirse con otras madres lactantes antes del parto y durante la lactancia puede ser de gran ayuda. También se pueden encontrar en la red grupos de lactancia o grupos de maternidad y crianza, como el grupo que tenemos en la Página de Facebook de La canica de Sally y Anne: maternaLISTAS.

Además de ser especialistas en juguetes ecológicos, en La Canica de Sally y Anne queremos que las mujeres se sientan libres y estén bien informadas sobre este tipo de temas con fuentes de calidad y fiabilidad.

ALGUNOS ACCESORIOS PARA LA LACTANCIA